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Cultura
Monumento

Miguel de Cervantes · Pza Cortes

Centro, Cortes

Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares en 1547 y murió en Madrid en 1616. Es el escritor español más representativo y universal de todos los tiempos. Vivió en Valladolid, Córdoba, Sevilla y Madrid, donde fue discípulo de López de Hoyos; en 1570 se trasladó a Italia como camarero del cardenal Acquaviva. Al año siguiente combatió en la batalla de Lepanto, donde quedó herido del brazo izquierdo, quedando este miembro inerte de por vida, pero nunca llegó a perderlo. En 1575, cuando regresaba a España, la galera fue apresada por los turcos y conducida a Argel donde permaneció prisionero durante cinco años, hasta que fue rescatado por frailes trinitarios. Ya en Madrid, en 1584, contrajo matrimonio con Catalina Salazar y obtuvo el cargo de comisario de provisiones para la Armada Invencible, si bien estuvo preso por irregularidades en las cuentas. Sus últimos años fueron relativamente tranquilos, en los que escribió sus novelas más conocidas. Tras su primera obra La Galatea de 1585, impresa en Alcalá de Henares, el resto de sus obras se editarán por primera vez en Madrid, como las Novelas ejemplares, de 1613; Viaje del Parnaso y la de reconocimiento universal El ingenioso hidalgo D. Quijote de La Mancha, en 1605, la primera edición, y en 1615 la segunda, y finalmente, su obra póstuma de 1617, Los trabajos de Persiles y Sigismunda. La idea de erigir un monumento a Cervantes partió de José Bonaparte en 1810, quien aprobó un decreto en el que proponía, en el artículo 1º, erigir al escritor un monumento para instalarlo en el sitio que ocupaba la casa donde murió, y en el 2º elegir al artista que presentara el mejor modelo. Esta propuesta no llegó a materializarse y fue en 1833, por declaración de ruina de la casa de la calle Francos esquina a la calle León, cuando Mesonero Romanos publicó un artículo en La Revista Española titulado 'La casa de Cervantes' en el que exponía el intento de derribo de la casa donde vivió y murió el escritor por este estado de ruina; el escrito llegó a conocimiento del rey Fernando VII, quién ordenó al Comisario General de la Cruzada, D. Manuel Fernández Valera, evitar dicho derribo. Tras una reunión mantenida con el ministro de Fomento, el conde de Ofelia, y el alcalde, se propuso al propietario del inmueble la cesión del mismo al Estado, a lo que se negó, pero finalmente se llegó al acuerdo el 23 de junio de 1834 de instalar una lápida, con el busto del escritor. Al año siguiente se encargó al escultor catalán Antonio Solá la realización de una estatua de Cervantes, que sería la primera que se instalara en Madrid de un personaje que no fuera real ni religioso, dentro de la tendencia que desde mediados del siglo XVIII se extendió en el resto de Europa de homenajear a los hombres de Ciencia y del Arte, actividades ambas consideradas como máximas expresiones humanas. Fue sufragada por el citado D. Manuel Fernández Valera con fondos de la Comisaría General de la Cruzada; tras rechazar el diseñado por Solá, el pedestal fue proyectado por el arquitecto Isidro González Velázquez, aunque modificado en la ejecución. Los relieves laterales fueron obra de Francisco Piquer, mientras que el modelo, realizado en Roma por Solá, fue fundido en bronce en esta ciudad por los artistas prusianos Ludwig Jollage y Whilhelm Hopsgarten. Su primera ubicación fue el patio del Palacio de la Cruzada en la plaza del Conde de Barajas, pero fue trasladada en julio de 1835 a su ubicación actual, en la Plaza de las Cortes; se eligió este lugar por estar cercano a la zona donde pasó sus últimos años. Hubo varias discusiones para su emplazamiento e incluso se pensó donarlo a algún municipio; en octubre de 1849, al terminarse las obras de la fachada principal del Congreso de los Diputados y con motivo de colocar la escalinata se solicitó trasladar la estatua a la plaza del Ángel, para que el ámbito urbano quedara con más desahogo; el arquitecto municipal J. Sánchez Pescador presentó un presupuesto para el desmontaje que ascendía a un total de 18.700 reales, pero finalmente no se llevó a efecto por carecer de fondos. La estatua tuvo también detractores, pues fue criticada por Zorrilla y Espronceda por considerarla poco tributo al insigne escritor e incluso Mariano de Cavia la calificó de 'pisapapeles'. En 1961, 1981 y 1985 el Ayuntamiento de Madrid regaló varias reproducciones de este monumento a las ciudades de La Paz, Moscú y Nueva York. En 1968 se construyó el aparcamiento subterráneo, y la estatua fue desplazada unos doce metros hacia el oeste con respecto a su ubicación inicial, y por tanto también de la base original donde se albergaba el arca fundacional, que fue recientemente descubierta con motivo de las obras de remodelación de la Plaza de las Cortes. Este último proyecto de remodelación de la plaza comienza en 2005 y finaliza en 2011. Fue realizado por el equipo de arquitectos Siza, Hernández de León. Riaño, Rueda y Terán, ganadores del concurso para la remodelación del Eje Prado-Recoletos, dentro del cual se enmarca esta actuación. En diciembre de 2009, con las obras de remodelación del aparcamiento subterráneo de la Plaza de las Cortes, aparecieron una serie de sillares de granito de gran tamaño que confirmaron que se trataba del basamento original de la estatua. Este basamento de 5,40m. de diámetro conformaba la primera de las gradas del monumento. Excavada en el sillar central apareció una tapadera pétrea con una anilla en cuyo interior se encontró la 'cápsula del tiempo': una urna rectangular de plomo de 38,50 x 22,50cm de lado y 22cm. de altura, que contenía cuatro tomos del Quijote de 1819, un libro de la vida de Miguel de Cervantes y otras publicaciones, así como medallas y monedas en buen estado de conservación. Con estos hallazgos restaurados se montó una exposición temporal en la Casa de Correos en el verano de 2010. Hoy se custodian en el Museo Arqueológico Regional en Alcalá de Henares. En 2010 se realizó el traslado de la estatua a su ubicación actual en el cruce de la visual de la Carrera de San Jerónimo con el eje de la calle Fernanflor, un lugar donde el monumento parecía gozar de una mayor presencia. Este nuevo emplazamiento fue propuesto por el Ayuntamiento de Madrid y la Academia de Bellas Artes de San Fernando, con el consentimiento de la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid. Fue obra de Antonio Solá, el último de los grandes escultores del neoclasicismo español, que nació en Barcelona en 1787. En 1802 obtuvo una pensión de la Junta de Comercio para ir a estudiar a Roma y más tarde consiguió ser pensionado por la Academia de San Fernando, lo que le permitió instalarse allí definitivamente. En 1837 logró ser nombrado Presidente de la Academia italiana de San Lucas, puesto que sólo otro extranjero insigne había conseguido: Thorvaldsen. Su contrato le exigía mandar a España periódicamente obras, sin embargo su fama no impidió que al final de sus días pasara dificultades económicas, al suprimir la corona española en 1855 el cargo de Director de Pensionados; murió en el Palacio de España de Roma en 1861, donde había pedido una estancia para vivir.

Ubicación

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DirecciónPza Cortes MADRID, Centro
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